lunes, 18 de abril de 2011

No importa cómo.

Todos supusieron que tenía que ser de cierto modo, tal y como parecía ocurrir en los otros, tal y como los demás lo vivían. Caminaban conforme a estos ejemplos y recogían las pierdas del sendero marcado como grandes tesoros que recaudar, símbolos de una esperanza que hace legítimos el sufrimiento y la alegría.
Entonces ves, tú y sólo tú, que si era aquél el modelo que se les presentaba era porque a su alrededor también se engañaban a sí mismos: te das cuenta de que la creencia genera felices y terribles realidades perfectas, de que no había principio sino ceguera perpetua generando invisibilidad perpetua. Morir una y otra vez no trae un renacer, sólo tristes recuerdos y en la conciencia una maldición permanente: angustia presionando el corazón, impidiendo que lata y obligándolo a sobrevivir mediante leves quejidos.

Y simplemente sigue pasando el tiempo, te preguntas cómo soportar la pérdida del camino pero a la vez deseas no pisarlo nunca más. Música lenta, lágrimas silenciosas, respiración entrecortada, tus piernas y brazos temblando, incapaces de sostenerse; tú muriendo en un cuerpo vivo.
Nadie se preguntó qué significa realmente la nada, pero tú vives, respiras, sollozas y murmuras en ella. Abrazas la contradicción de tu existencia ya que es lo único que necesitas; saber que careces de sentido siendo tú, saber que mueres, que lloras y que te ahogas siendo tú. Siempre tú.

domingo, 3 de abril de 2011

Demasiado lento.

"Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor." Samuel Beckett.


Perdida entre el silencio y la oscuridad de esta estancia tan familiar y, a la vez, tan hostil. Necesito ayuda en estos momentos, únicamente algo a lo que aferrarme porque el frío se me apodera, me envuelve y me envenena. Chillo, te estoy llamando pero no contestas, no vienes, no me escuchas, ¿qué hacer? Busco la salida, mi corazón empuja un pecho demasiado pequeño para él y ahí está, el pasillo, donde debe, esperando que haga lo que debo, caminar lentamente por él ya que es el único lugar que me llevará a ti. Mis pies no obedecen mis órdenes de detenerse, estoy avanzando hacia esa impenetrable ventana en la que una imagen apenas se hace visible en la penumbra. Cuando por fin casi puedo rozar el palpitante cristal me veo allí, encerrada y demente, cubierta por un camisón transparente y mirándome a mí misma desde el vacío absoluto. Mi yo consciente se espanta ante tal reflejo y sin embargo él se adelanta con avidez en una imagen terrorífica, violenta y sobrenatural que explota en mi boca desencajada.
Realidad y reflejo nos fusionamos como la unidad que ya éramos: un repugnante cononocimiento de la propia repugnancia.