Dime una y otra vez que te cansas y que no quieres seguir, dímelo para que pueda dejar vagar mi nerviosismo entre carcajadas inútiles y crueles. Reír por no llorar, retroceder hacia tímidas sombras y acurrucarme en silencio cuando no sea capaz de continuar mirándote a los ojos.
Lo sabes, está ahí golpeando periódicamente como un índice descabellado que espera lo imposible.
Hola pequeña. Cuanto tiempo sin saber de tí, espero que estés bien. Cada vez escribes mejor. No dejes de hacerlo nunca.
ResponderEliminar